Este es el sugerente título de la
primera publicación independiente del fundador de la terapia Gestalt Fritz Perls. La formación de Perls es
fundamentalmente psicoanalítica. Eso es lo que él era y a lo que se dedicaba en
los años 30 y 40 del s. XX. Y lo que hace en este libro fundamentalmente es una
crítica al psicoanálisis, sólo desde aquí puede ser entendido
La crítica fundamental es dónde
queda el “yo” o ego en el
psicoanálisis. Perls objeta que en el psicoanálisis el yo se hace presente solo
patológicamente, lo que es injusto.
Esto tiene que ver con la
concepción del “yo” como sustancia. Para Perls, el yo no es una sustancia, sino
un “conjunto de funciones”. Fundamentalmente es una función de
identificación/alienación, y por lo tanto sólo es visible allá donde se ponen
fronteras. Esto es importante tanto en “el mundo exterior” como en “el mundo
interior”.
Mi yo aparece por ejemplo si
tengo hambre. Digo “yo tengo hambre”. A partir de aquí organizo el mundo en fondo
y figura de manera que la figura es todo aquello que pueda comer. El mundo
exterior aparece como el lugar en el que está mi alimento, algo externo a mí
que necesito. Y aquí se debe manifestar la agresión (que a diferencia de Freud
no es considerada como un negativo instinto de autodestruccción sino como algo
necesario para la supervivencia del yo).
Perls llega a entrar en el
detalle de las diferentes partes de la digestión y la masticación
relacionándolas con las resistencias orales. Según él, Freud analizó mucho las
resistencias anales y muy poco las orales o incluso las redujo a anales. Así
hay que diferenciar los premolares que arrancan el mordisco de los molares que
trituran. Y esto hay que entenderlo en el terreno espiritual, porque el yo es
todo. Hay gente que sólo sabe arrancar el mordisco pero se niega a triturar.
Son los devoradores de dulces y cosas blandas. O también los pedantes
devoradores de libros que no asimilan. Lo meten todo en el estómago sin
triturar.
Ahora bien, la frontera de
identificación y alienación es sobre todo interna. Se relaciona con el id y el superyó de Freud. El superyó
es aquello con lo que me identifico. El id
es aquello con lo que no me identifico.
Así, puede ocurrir que, aun
teniendo hambre, mi conciencia, valores o superyó me impidan matar a un animal
para comérmelo. Aquí hay un conflicto interno. Mi hambre choca con mi idea de
que matar animales es malo.
Por tanto, la cuestión es
integrar todas las contradicciones. La neurosis es la substancialización o cosificación
del superyó y el ello cuando la frontera apenas se mueve y las contradicciones
simplemente no se afrontan, se evitan, no se quieren ver.
La salud es la integración de
todas las aparentes contradicciones.
La agresividad es un tema
especialmente importante por el trato que le dio Freud. Para Perls la
agresividad forma parte de la naturaleza humana (él se inspira en un modelo
biológico) y es fundamental para la supervivencia. Además no se puede eliminar.
Cuando no la dirigimos correctamente elige otro objeto: por ejemplo la podemos
introyectar contra nosotros mismos, haciéndonos daño.
Otro tema es el nosotros (pone muchos ejemplos de
Hitler): el nosotros forma parte de la identificación del yo. El yo necesita
siempre de un “nosotros” bajo el cual entenderse y debe a toda costa disolver
las contradicciones para integrar lo máximo posible, incluir lo máximo posible.
Cada lucha interna es energía perdida que no utilizamos para la vida.
Como última crítica al
psicoanálisis, incluye su concepción de la resistencia.
Perls propone entender las resistencias desde el punto de vista positivo como
asistencias. Si en el cliente solo vemos resistencias negativas que hay que
romper, el cliente cada vez se hará más experto en sus propias resistencias. Lo
que hay que hacer es tomarlas con cariño e incluso exagerarlas. Tomarlas como
aliados.
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