miércoles, 1 de noviembre de 2017

YO, HAMBRE Y AGRESIÓN


Este es el sugerente título de la primera publicación independiente del fundador de la terapia Gestalt Fritz Perls. La formación de Perls es fundamentalmente psicoanalítica. Eso es lo que él era y a lo que se dedicaba en los años 30 y 40 del s. XX. Y lo que hace en este libro fundamentalmente es una crítica al psicoanálisis, sólo desde aquí puede ser entendido

La crítica fundamental es dónde queda el “yo” o ego en el psicoanálisis. Perls objeta que en el psicoanálisis el yo se hace presente solo patológicamente, lo que es injusto.

Esto tiene que ver con la concepción del “yo” como sustancia. Para Perls, el yo no es una sustancia, sino un “conjunto de funciones”. Fundamentalmente es una función de identificación/alienación, y por lo tanto sólo es visible allá donde se ponen fronteras. Esto es importante tanto en “el mundo exterior” como en “el mundo interior”.

Mi yo aparece por ejemplo si tengo hambre. Digo “yo tengo hambre”. A partir de aquí organizo el mundo en fondo y figura de manera que la figura es todo aquello que pueda comer. El mundo exterior aparece como el lugar en el que está mi alimento, algo externo a mí que necesito. Y aquí se debe manifestar la agresión (que a diferencia de Freud no es considerada como un negativo instinto de autodestruccción sino como algo necesario para la supervivencia del yo).

Perls llega a entrar en el detalle de las diferentes partes de la digestión y la masticación relacionándolas con las resistencias orales. Según él, Freud analizó mucho las resistencias anales y muy poco las orales o incluso las redujo a anales. Así hay que diferenciar los premolares que arrancan el mordisco de los molares que trituran. Y esto hay que entenderlo en el terreno espiritual, porque el yo es todo. Hay gente que sólo sabe arrancar el mordisco pero se niega a triturar. Son los devoradores de dulces y cosas blandas. O también los pedantes devoradores de libros que no asimilan. Lo meten todo en el estómago sin triturar.

Ahora bien, la frontera de identificación y alienación es sobre todo interna. Se relaciona con el id y el superyó de Freud. El superyó es aquello con lo que me identifico. El id es aquello con lo que no me identifico.

Así, puede ocurrir que, aun teniendo hambre, mi conciencia, valores o superyó me impidan matar a un animal para comérmelo. Aquí hay un conflicto interno. Mi hambre choca con mi idea de que matar animales es malo.

Por tanto, la cuestión es integrar todas las contradicciones. La neurosis es la substancialización o cosificación del superyó y el ello cuando la frontera apenas se mueve y las contradicciones simplemente no se afrontan, se evitan, no se quieren ver.

La salud es la integración de todas las aparentes contradicciones.

La agresividad es un tema especialmente importante por el trato que le dio Freud. Para Perls la agresividad forma parte de la naturaleza humana (él se inspira en un modelo biológico) y es fundamental para la supervivencia. Además no se puede eliminar. Cuando no la dirigimos correctamente elige otro objeto: por ejemplo la podemos introyectar contra nosotros mismos, haciéndonos daño.

Otro tema es el nosotros (pone muchos ejemplos de Hitler): el nosotros forma parte de la identificación del yo. El yo necesita siempre de un “nosotros” bajo el cual entenderse y debe a toda costa disolver las contradicciones para integrar lo máximo posible, incluir lo máximo posible. Cada lucha interna es energía perdida que no utilizamos para la vida.


Como última crítica al psicoanálisis, incluye su concepción de la resistencia. Perls propone entender las resistencias desde el punto de vista positivo como asistencias. Si en el cliente solo vemos resistencias negativas que hay que romper, el cliente cada vez se hará más experto en sus propias resistencias. Lo que hay que hacer es tomarlas con cariño e incluso exagerarlas. Tomarlas como aliados.


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