MADURAR ES PASAR DEL SOPORTE AMBIENTAL AL AUTOSOPORTE. EL EJEMPLO MÁS CLARO ES EL NIÑO RECIÉN NACIDO QUE EMPIEZA A RESPIRAR Y SE PONE CIANÓTICO. ESE TRÁNSITO ES SIEMPRE UNA CRISIS QUE TIENE COMO NÚCLEO UN VACÍO FÉRTIL.
Para comprender los rasgos específicos que debe observar la psicoterapia con adolescentes hay que entender primero de qué edades estamos hablando y en segundo lugar cómo es la frontera entre el niño y el adulto en la que se mueve el adolescente.
La adolescencia no es un fenómeno
biológico sino cultural. En todas las culturas no occidentalizadas (no me suena
bien llamarlas “primitivas” o algo parecido) la adolescencia es un simple rito
de paso absolutamente efímero. Se pasa de ser niño a ser adulto (con todas las
responsabilidades y cargas, sobre todo la del matrimonio y los hijos) en un día
o unas semanas.
En nuestra cultura occidental,
por razones estrictamente socioculturales este “modo de vida” puede prolongarse
tanto como los individuos sigan viviendo en el domicilio parental sin asumir
ningún tipo de responsabilidad adulta.
La adolescencia es así la franja,
más o menos gruesa, que separa al niño sin responsabilidades del adulto
socialmente (y penalmente) responsable.
Más allá de describir en detalles
los rasgos psicológicos específicos del niño que se pueden encontrar en cualquier
manual, y que, lógicamente van variando a lo largo de las diferentes etapas de
la niñez, debemos asumir las siguientes características esenciales para el
tratamiento terapéutico:
1. El niño que va a consulta no puede ser tratado
aisladamente. El niño forma un sistema con sus padres y/o tutores y es este
sistema el que está sufriendo, aunque el dolor puede manifestarse en cualquiera
de sus partes. Así, p.e., ante un niño agresor aparentemente no es el que sufre
sino los que le rodean. Por eso el enfoque de la psicoterapia infantil debe ser
siempre sistémico.
2. A la hora de aplicar técnicas específicas, el
niño nos facilita el acceso a su interior por su increible capacidad de
proyectar a través de juegos, dibujos, fantasías…De alguna manera, el niño
suele ser más transparente que sus padres.
3. Por otro lado el descubrimiento de sus
reglas y valores será el sacar a la luz
del día los introyectos familiares o del sistema de acogida (y en menor medida
sociales, salvo casos excepcionales).
4. El niño siempre sigue sin discutir las reglas y
valores que ha interiorizado, lo que ocurre es que éstos no tienen por qué
coincidir con lo que los padres o tutores explican que le han enseñado. A veces
decimos a los hijos que hagan justo lo contrario de lo que nosotros hacemos y
eso solo les crea confusión. Pero los hijos harán lo que entiendan que
significa ser fieles a sus padres o al sistema.
5. Por todo ello, el error de principiante de un
terapeuta sería el pretender “tomar partido alguno” en un supuesto conflicto
entre padres e hijos. Puede ser que a veces incluso nos lo pidan o bien los
padres, cuando preguntan por la posibilidad de “darle una pastillita al niño” o
bien uno de los padres en contra del otro en caso de conflictos o separaciones
matrimoniales. Tan pronto como el terapeuta tome partido, ya ha perdido el
caso.
6. El niño está en el momento de la ACEPTACIÓN. Es
decir, la “salud” del sistema consiste en que el niño sea aceptado y acepte el
mundo al que ha venido a parar. Por eso no ayudamos nada los padres “críticos”
que criticamos constantemente a sus profesores, a los médicos, a los jueces, a
los árbitros y que en definitiva manifestamos no responsabilizarnos del mundo
al que lo hemos traído y que de alguna manera le entregamos. Sería mucho más
saludable por nuestra parte decir: “este mundo tal como es, con lo bueno y con
lo malo, es el mundo que yo he contribuido a crear para ti y así te doy mi
relevo”.

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