domingo, 27 de diciembre de 2015

PSICOTERAPIA FENOMENOLÓGICA Y ADOLESCENTES: 1.EL NIÑO



MADURAR ES PASAR DEL SOPORTE AMBIENTAL AL AUTOSOPORTE. EL EJEMPLO MÁS CLARO ES EL NIÑO RECIÉN NACIDO QUE EMPIEZA A RESPIRAR Y SE PONE CIANÓTICO. ESE TRÁNSITO ES SIEMPRE UNA CRISIS QUE TIENE COMO NÚCLEO UN VACÍO FÉRTIL.

Para comprender los rasgos específicos que debe observar la psicoterapia con adolescentes hay que entender primero de qué edades estamos hablando y en segundo lugar cómo es la frontera entre el niño y el adulto en la que se mueve el adolescente.


La adolescencia no es un fenómeno biológico sino cultural. En todas las culturas no occidentalizadas (no me suena bien llamarlas “primitivas” o algo parecido) la adolescencia es un simple rito de paso absolutamente efímero. Se pasa de ser niño a ser adulto (con todas las responsabilidades y cargas, sobre todo la del matrimonio y los hijos) en un día o unas semanas.

En nuestra cultura occidental, por razones estrictamente socioculturales este “modo de vida” puede prolongarse tanto como los individuos sigan viviendo en el domicilio parental sin asumir ningún tipo de responsabilidad adulta.



La adolescencia es así la franja, más o menos gruesa, que separa al niño sin responsabilidades del adulto socialmente (y penalmente) responsable.

Más allá de describir en detalles los rasgos psicológicos específicos del niño que se pueden encontrar en cualquier manual, y que, lógicamente van variando a lo largo de las diferentes etapas de la niñez, debemos asumir las siguientes características esenciales para el tratamiento terapéutico:

1. El niño que va a consulta no puede ser tratado aisladamente. El niño forma un sistema con sus padres y/o tutores y es este sistema el que está sufriendo, aunque el dolor puede manifestarse en cualquiera de sus partes. Así, p.e., ante un niño agresor aparentemente no es el que sufre sino los que le rodean. Por eso el enfoque de la psicoterapia infantil debe ser siempre sistémico.

2. A la hora de aplicar técnicas específicas, el niño nos facilita el acceso a su interior por su increible capacidad de proyectar a través de juegos, dibujos, fantasías…De alguna manera, el niño suele ser más transparente que sus padres.

3. Por otro lado el descubrimiento de sus reglas  y valores será el sacar a la luz del día los introyectos familiares o del sistema de acogida (y en menor medida sociales, salvo casos excepcionales).

4. El niño siempre sigue sin discutir las reglas y valores que ha interiorizado, lo que ocurre es que éstos no tienen por qué coincidir con lo que los padres o tutores explican que le han enseñado. A veces decimos a los hijos que hagan justo lo contrario de lo que nosotros hacemos y eso solo les crea confusión. Pero los hijos harán lo que entiendan que significa ser fieles a sus padres o al sistema.

5. Por todo ello, el error de principiante de un terapeuta sería el pretender “tomar partido alguno” en un supuesto conflicto entre padres e hijos. Puede ser que a veces incluso nos lo pidan o bien los padres, cuando preguntan por la posibilidad de “darle una pastillita al niño” o bien uno de los padres en contra del otro en caso de conflictos o separaciones matrimoniales. Tan pronto como el terapeuta tome partido, ya ha perdido el caso.

6. El niño está en el momento de la ACEPTACIÓN. Es decir, la “salud” del sistema consiste en que el niño sea aceptado y acepte el mundo al que ha venido a parar. Por eso no ayudamos nada los padres “críticos” que criticamos constantemente a sus profesores, a los médicos, a los jueces, a los árbitros y que en definitiva manifestamos no responsabilizarnos del mundo al que lo hemos traído y que de alguna manera le entregamos. Sería mucho más saludable por nuestra parte decir: “este mundo tal como es, con lo bueno y con lo malo, es el mundo que yo he contribuido a crear para ti y así te doy mi relevo”.

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