domingo, 29 de noviembre de 2015

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS II: LA PSICOLOGÍA GESTALT

Como le gustaba decir a Fritz Perls, el fundador de la psicoterapia Gestalt, en Gestalt no interpretamos los sueños, sino que los dramatizamos. La idea que subyace a este enfoque es la de que cada parte del sueño es una parte alienada de nosotros. Y el sueño es la integración de todas las partes proyectadas a través de la fantasía.




Desde un paradigma biológico, Perls entendía la actividad psíquica como una forma más de crecimiento. Para crecer necesitamos nutrirnos, y para nutrirnos necesitamos comer. Hay que establecer claramente la diferencia entre estos dos conceptos puesto que hay casos en que comer puede no ser nutritivo, sino tóxico.

Así, para nutrirnos, se ponen en marcha un montón de mecanismos que forman parte de nuestra estructura fisiológica. Primero debemos sentir la necesidad, el hambre. Este primer paso ya es importante, ya que puede haber muchas personas que por razones diversas pueden estar insensibilizadas. Una vez sentida la necesidad nos orientamos en el espacio para percibir del ambiente lo que nos puede convenir. Esto se convierte en figura que destaca sobre un fondo de todo lo demás. Es nuestro interés aquí y ahora el que convierte una determinada percepción en figura. De aquí el nombre de terapia Gestalt, que significa entre otras cosas “figura” en alemán.

Cuando percibimos el posible alimento hacemos un acopio de energía suficiente para pasar al ataque. Sí, alimentarnos supone una agresión que se consuma en la masticación y digestión. Y es conveniente masticar a fondo y con conciencia para nutrirnos bien. Este ataque no es otra cosa que una forma de contacto. Hay que contactar con el medio y con la figura que emerge en él. Tras el contacto vendría el goce y por último la separación para pasar a otra necesidad. Esto es lo que en Gestalt llamámos el círculo de las necesidades. Cualquier interrupción de este proceso en uno de sus eslabones es la manifestación de la neurosis. La neurosis no es otra cosa que la coraza que nos hemos puesto de pequeños para protegernos del dolor (necesaria y útil en su momento) y que aquí y ahora queda obsoleta pues nos impide el contacto genuino.


Esta coraza actúa colocando fuera de nosotros lo que en realidad nos pertenece por medio de la proyección. Y aquí es donde interviene el sueño. El sueño en sí es curativo pues nos muestra partes de nosotros mismos que en la vida diurna nos negamos a aceptar o asimilar. Lo no asimilado es aquello que no ha sido masticado y digerido adecuadamente y ha resultado tóxico. Siguiendo el símil podríamos decir que el sueño es regurgitación de lo no asimilado. En su dramatización nos convertimos en cada una de las partes de lo soñado. Nos identificamos con todas y así realizamos un proceso de integración.

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