sábado, 21 de noviembre de 2015

VIOLENCIA Y DOLOR EN LAS RELACIONES

Lo característico de la terapia Gestalt es que se ocupa del sufrimiento que se produce “entre”, en la superficie de contacto, en el campo. Y esto no es lo mismo que hablar del sufrimiento de cada individuo. No cabe igualar el sufrimiento del campo con el dolor de los que forman parte del campo. Puede ser, y ocurre a menudo, que en las relaciones íntimas alguno de los que forman parte del campo se ha insensibilizado como mecanismo de defensa.  A veces el dolor queda suprimido y aparece la violencia.



El sufrimiento del campo se define como la falta de contacto significativo. Así, por ejemplo, en una pareja en la que uno es violento, es el otro quien siente dolor. Pero quien sufre es el campo y nunca se arreglará la situación haciendo terapia al que siente dolor.

De igual forma, cuando acude a nuestra consulta un niño o adolescente, siempre, tarde o temprano debemos incluir en el proceso terapéutico a los padres, ya que el comportamiento del adolescente lo único que hace es denunciar el dolor que se está produciendo en el campo familiar.

En una relación nunca hay sólo 2. La tercera parte es fundamental (Puede ser la sociedad, la familia, el terapeuta, el supervisor,…)

Desde un punto de vista clínico, no es el dolor lo patológico, sino la imposibilidad de sostenerlo. Para reducirlo, se hace sufrir el “entre”, la frontera, a costa de reducir también la consciencia. La capacidad de reducir el dolor insostenible es un ajuste creativo que protege al individuo, familia,…

La psicoterapia Gestalt, como terapia del aquí y el ahora, hace aparecer todo lo que hay en el campo y esto puede ser doloroso en un principio cuando ha habido insensibilización durante mucho tiempo como mecanismo de defensa. Sin embargo, sólo de esta forma la persona se puede adueñar de sí misma y hacer uso de toda su libertad sin ceder al chantaje narcótico.

Esto puede sonar a algunas personas como un desierto demasiado difícil de atravesar y, sin embargo, como ya dijo Nietzsche, nuestra capacidad para ser felices es directamente proporcional a nuestra capacidad de sentir. Y sentir supone siempre acarrear con todo lo que aparece en el campo. 


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