Cualquier estudioso de la
filosofía sabrá lo difícil que es definir esta disciplina ya que partimos del
acuerdo unánime en que los mismos filósofos la han definido de maneras bastante
diversas. Y esto no por afán de originalidad o de disputa, o de su falta de
cientificidad, sino simplemente porque la filosofía, aún siempre siendo la
misma cosa, se muestra a través de múltiples caras según lo que nos haya llevado
a ella y lo que de ella queramos sacar.
Pues bien, una dificultad
parecida encontramos en la definición de la psicoterapia Gestalt. Si yo tuviera
que explicar a alguien lo que es diría: la terapia Gestalt es lo que hacen los gestaltistas. En este caso el acuerdo es
que la terapia Gestalt no es una teoría que pueda formar parte de cursos
reglados universitarios, sino una trayectoria vivencial en la que la teoría
solo aparece en la medida en que puede ser asimilada e integrada en la
experiencia vital.
Así que, sin más rodeos, voy a
explicar lo que yo entiendo por psicoterapia Gestalt.
Se suele empezar por clasificarla
dentro del complejo universo contemporáneo de las terapias. Así, dentro del
mundo de la psicoterapia, cabría encuadrarla entre las de corte
humanista. Aunque por otra parte, si atendemos a sus orígenes, se nos hace
evidente su parentesco con el psicoanálisis, sobre todo de las versiones más
heréticas como el freudomarxismo de Reich.
Sin embargo, el punto de
indiscutible originalidad de esta terapia o relación de ayuda consiste en la
taxativa igualdad de la relación. En esta relación no hay un polo que “cure” al
otro basándose en una supuesta superioridad intelectual o espiritual. Hay, en
cambio, un ofrecimiento de técnicas o trucos en el marco de una relación de
autenticidad entre dos seres humanos que se colocan uno enfrente de otro con
sus fantasías, sus miserias y sus neurosis.
Estos trucos son utilizados
simplemente como muletas que nos sirven para pasar del habitual apoyo externo del
neurótico al autoapoyo saludable. Que uno de los polos de la relación conozca
más o mejores trucos o los haya experimentado más veces, puede concederle en
todo caso cierta iniciativa, pero no le otorga la posesión de una verdad
absoluta ni de una autoridad indiscutible, cualidad que, en todo caso, no sería
compatible con la mencionada autenticidad que también implica la capacidad de
equivocarse, darse cuenta de ello y reconocerlo y retroceder tantas veces como
haga falta.
Más allá de esta caracterización tan general, la divisa habitualmente señalada en la terapia Gestalt es la importancia de la “awarenes” o conciencia del aquí y ahora. A diferencia del psicoanálisis, no estamos interesados en cómo resolvimos o no ciertos conflictos infantiles, sino en cómo las soluciones creativas que entonces nos sirvieron para vivir son ahora una armadura que nos encorseta limitándonos todo movimiento y flexibilidad. Esta falta de flexibilidad es precisamente lo que entendemos por neurosis y a lo largo del trabajo fenomenológico que vamos realizando de percatarnos simplemente de lo que hay, vamos quitando las capas de la cebolla que la constituyen.

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